sábado, 1 de septiembre de 2012

Elementos del fenómeno artístico


Elementos del fenómeno artístico

  • Artista: se denomina artista a aquella persona que, o bien practica un arte, o bien destaca en él. Por definición, un artista es quien elabora una obra de arte; así pues, y en paralelo a la evolución del concepto de arte que hemos visto anteriormente, en épocas pasadas un artista era cualquier persona que trabajase en las artes liberales o vulgares, desde un gramático, un astrónomo o un músico hasta un albañil, un alfarero o un ebanista. Sin embargo, hoy día se entiende por artista a alguien que practica las bellas artes. Aún así, el término artista puede tener diversas acepciones, desde el artista como creador, hasta el artista como el que tiene en la práctica de un arte su profesión. Así, a menudo llamamos artistas a actores o músicos que sólo interpretan obras creadas por otros autores. También se suele emplear el vocablo artista para diferenciar a quien practica una actividad liberal para distinguirlo del que practica un oficio: en ese sentido, se suele decir “pintor artista” para diferenciarlo de un “pintor de brocha gorda”. Al artista se le supone una disposición especialmente sensible frente al mundo que lo rodea: ha desarrollado su propio punto de vista, así como su creatividad, una buena técnica y un medio de comunicación hacia el espectador por medio de sus obras. El artista adquiere su propio dominio de la técnica y su desarrollo artístico intelectual para llegar al camino del profesionalismo. Con esta personalidad, el artista se manifiesta hacia el mundo tratando de reflejar lo que acontece –o le gustaría que aconteciera– en él.[47]
  • Obra de arte: una obra es una realización material, que tiene una existencia objetiva y que es perceptible sensiblemente. El término proviene del latín opera, que deriva de opus (‘trabajo’), por lo que equivale a trabajo como objeto, es decir, como resultado de un trabajo. Una obra de arte puede ser tanto el objeto material en sí –una pintura, una escultura, un grabado– como una producción intelectual donde la artisticidad se encuentra en el momento de su ejecución o captación por medio de los sentidos: así, en la literatura, el arte se encuentra más en la lectura de la obra que no en el lenguaje escrito que le sirve de vehículo de comunicación, o en el medio material (libro, revista) que le sirva de soporte; en música, el arte se encuentra en su percepción auditiva, no en la partitura en que se ve reflejada. Así, en el arte conceptual se valora más la concepción de la obra de arte por parte del artista que no su realización material. En ese sentido, una obra de arte puede tener varios niveles de elaboración: decía Panofsky que, al escribir una carta, se cumple básicamente el objetivo de comunicarse; pero si se escribe poniendo especial atención en la caligrafía, puede tener un sentido artístico valorable per se; y si, además, se escribe en un tono poético o literario, la carta trasciende su sustrato material para convertirse en una obra de arte valorable por sus cualidades intrínsecas. Por otro lado, hay que valorar la percepción del receptor: un objeto puede no estar elaborado con finalidades artísticas pero ser interpretado así por la persona que lo percibe –como en los ready-made de Duchamp–. Igualmente, una obra de arte puede tener diversas interpretaciones según la persona que lo valore, como remarcó Umberto Eco con su concepto de “obra abierta”. Y una misma obra puede ser percibida como artística por unos y como no artística por otros: decía Marcel Mauss que «es obra de arte el objeto que es reconocido como tal por un grupo social definido». Así, habría que reconocer que una obra de arte es un objeto que tiene un valor añadido, sea este valor un concepto artístico, estético, cultural, sociológico o de diversa índole.[48] En conclusión, se podría decir que una obra de arte es un hecho sensorial, realizado artificialmente, con intencionalidad comunicativa y orientación lúdica. La obra de arte, para ser considerada como tal, debe trascender su sustrato material para adquirir una significación trascendente, basada tanto en su aspecto estético como en el histórico, al ser reflejo de un lugar y tiempo determinados, así como de una determinada cultura que subyace en la génesis de toda obra de arte.[49]
Sea cual sea su antigüedad y clasicismo, una obra de arte es en acto y no sólo potencialmente una obra de arte cuando pervive en alguna experiencia individualizada. En cuanto pedazo de pergamino, de mármol, de tela, permanece (aunque sujeta a las devastaciones del tiempo) idéntica a sí misma a través de los años. Pero como obra de arte se recrea cada vez que es experimentada estéticamente.
John Dewey, El arte como experiencia (1934).[50]
Una performance, ejemplo de actividad artística que requiere un público.
  • Público: un factor cada vez más determinante en el mundo del arte es el del público, la gente que acude a museos o exposiciones y que manifiesta cada vez más un sentido crítico y apreciativo del arte, pudiendo influir en las modas y los gustos artísticos. En siglos anteriores, el arte era un círculo cerrado al que sólo tenían acceso las clases más favorecidas, que eran las que encargaban y adquirían obras de arte. Sin embargo, desde la apertura de los primeros museos públicos en el siglo XVIII, la participación del público en general en la apreciación del arte ha sido cada vez mayor, favorecida sobre todo por el aumento de medios de comunicación de masas (prensa, libros, revistas y, más recientemente, medios digitales e Internet). Asimismo, las nuevas corrientes artísticas, sobre todo desde pasada la Segunda Guerra Mundial, han favorecido la participación del público en la propia génesis del hecho artístico, a través de acciones artísticas como los happenings y las performances.[51]
  • Percepción: la percepción del arte es un fenómeno subjetivo, motivado no sólo por el hecho sensorial sino por el aspecto de mentalidad inherente, que depende de la cultura, la educación, etc. La percepción es un proceso activo y selectivo, el ser humano tiende a seleccionar la percepción más sencilla, así como a ver las cosas globalmente –por ejemplo, tendemos a ver las cosas simétricas aunque no lo sean–. De la percepción sensorial dependen factores como la textura, la forma y el color, así como la geometría, la proporción y el ritmo.
  • Materia y técnica: el proceso artístico comienza con la elaboración mental de la obra por parte del artista, pero ésta se ha de plasmar en materia, proceso que se realiza a través de la técnica. La materia tiene una noción constitutiva, creadora, siendo parte esencial de la creación artística. También puede aportar diferentes concepciones estéticas, como el uso del hierro y el vidrio en la arquitectura contemporánea. A su vez, la técnica es la manera cómo el artista da forma a la obra de arte, cómo moldea la materia para conseguir expresar aquello que desea crear. Los materiales y la técnica van evolucionando con el tiempo, y pueden ser definitorios de un determinado lenguaje o estilo artístico.[52]
  • Función del arte: el arte puede cumplir diversas funciones, según la voluntad del propio artista o según la interpretación que de la obra haga el público:
    • Práctica: el arte puede tener una utilidad práctica siempre y cuando cumpla diversas premisas de satisfacer necesidades o de tener una finalidad destinada a su uso o disfrute, como es el caso de la arquitectura, o bien de la artesanía y las artes aplicadas, decorativas e industriales.
    • Estética: el arte está estrechamente vinculado a una finalidad estética, es decir, de provocar sentimientos o emociones, o bien suscitar belleza y admiración en todo aquél que contempla la obra de arte.
    • Simbólica: el arte puede estar revestido de una función simbólica cuando pretende trascender su simple materialidad para ser un símbolo, una forma de expresión o comunicación, un lenguaje por el cual se expresa una idea que debe ser descifrable para el público al cual va dirigida.
    • Económica: el arte, como producto elaborado por el hombre, no deja de ser un objeto que puede estar motivado con fines económicos, bien en su concepción o bien en su posterior mercantilización.
    • Comunicativa: el arte es un medio de comunicación, por el cual se expresan ideas o conceptos, o bien se recrean estados de ánimo. En este sentido, puede ser tanto crítico como propagandístico del mensaje que desea transmitir.
    • Imitativa: el arte ha pretendido históricamente ser fiel reflejo de la realidad, al menos hasta la aparición de la fotografía y el cine en el siglo XX. Así, el arte ha sido un medio ideal para plasmar el mundo, la forma de vida de las diversas culturas y civilizaciones que se han sucedido a lo largo del tiempo.
    • Crítica: el arte puede tener una voluntad crítica, bien de tipo político, religioso o social, haciéndose eco de las reivindicaciones sociales de cada periodo histórico.
  • Museos: son instituciones dedicadas al estudio, conservación y exposición de obras de arte. El origen de los museos está en el coleccionismo, donde a la obra de arte se le añade un valor histórico o cultural, o bien de admiración o singularidad. A partir del siglo XVIII comenzaron a abrirse las colecciones al público, surgiendo los museos de protección estatal (British Museum, 1753; Uffizi, 1769; Louvre, 1789; Prado, 1819; Altes Museum de Berlín, 1830; National Gallery, 1838; Hermitage, 1851), al tiempo que surgieron las academias, instituciones que regulan el proceso creativo, educativo y formativo del arte. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) define el museo como «una institución sin ánimo de lucro, permanente, al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierto al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe testimonios materiales de la evolución de la naturaleza y del hombre, con finalidades de estudio, de educación y de delectación». Existen dos disciplinas vinculadas al estudio de los museos: la museografía estudia la vertiente técnica y estructural de los museos (arquitectura, equipamiento, medios de exposición); y la museología analiza el museo desde una perspectiva histórica, social y cultural.[53]
  • Coleccionismo: es una actividad, generalmente de índole privada, destinada a la creación de colecciones de obras de arte. Desde siempre, el hombre ha sentido fascinación por el arte, hecho que le ha llevado a la adquisición de obras de arte, para su disfrute personal o, desde el crecimiento del mercado artístico en el Renacimiento, como inversión económica. Las colecciones particulares de arte han rivalizado a menudo con los museos en cuanto a cantidad y calidad de obras de arte y, gracias a donaciones filantrópicas, han sido origen muchas veces de la ampliación o creación de nuevos museos. El coleccionismo empezó de forma amplia en la antigua Roma, fruto generalmente de botines de guerra de los países conquistados. Durante la Edad Media fue común el atesoramiento de piezas de valor (orfebrería, obras de marfil y ébano) y de reliquias. Sin embargo, el auge del coleccionismo se produjo en el Renacimiento, cuando nobles y mecenas encargaron y adquirieron gran número de obras de arte para sus palacios y villas. Circunscrito en principio a la aristocracia, a partir del siglo XVIII el coleccionismo pasó también a la burguesía y a los ricos hombres de negocios, ya que el arte tenía entonces un marcado componente de ostentación social. Desde entonces, la figura del coleccionista privado ha sido fundamental para el éxito del mercado artístico.[56]
Galería de arte con vistas de Roma antigua (1754-1757), de Giovanni Paolo Pannini.
  • Ferias: uno de los principales medios de comercialización del arte son las ferias, donde los artistas dan a conocer sus obras, mientras que el público puede apreciarlas y estar al corriente de las diversas novedades que se van sucediendo en el tiempo. Las ferias han ido adquiriendo cada vez mayor relevancia, existiendo un circuito donde a lo largo del año diversas ciudades de todo el mundo acogen ferias de diversa índole. Actualmente, su cometido no es sólo comercial, sino también cultural e institucional, ya que suponen una fuente de difusión del arte. Una de las primeras ferias conocidas fue la celebrada en el Salone degli Innocenti de la Academia de Florencia, donde en 1564 se vendieron 17 de 25 cuadros pintados en homenaje a Miguel Ángel tras su fallecimiento. En 1737 se abrió la muestra bienal del Salón Carré del Louvre, organizada por la Académie Royal d’Art, primeras ferias abiertas a un público mayoritario. En la actualidad destacan: la Bienal de Venecia, la Documenta de Kassel, la Bienal de São Paulo, la Trienal de Milán, la feria ARCO de Madrid, la FIAC de París, ArtBasel de Basilea, etc.[58]
  • Exposiciones: uno de los factores clave en la difusión del arte, sobre todo actualmente, es la organización de exposiciones, públicas o privadas, de arte antiguo o contemporáneo, individuales o colectivas, temáticas o antológicas. Las primeras exposiciones surgieron en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII, propiciadas por el exilio de artistas provocado por la Revolución francesa. En el siglo XIX surgieron las exposiciones universales, primeros fenómenos de masas donde se exponían las principales novedades tanto del mundo del arte como de la ciencia, la industria y cualquier otra actividad humana. Desde entonces se han sucedido las exposiciones por todo el mundo, circunscritas a menudo en los propios museos de arte, como forma de favorecer una mayor afluencia de público. Actualmente, son habituales las exposiciones antológicas e itinerantes, que suelen recorrer los principales centros artísticos mundiales. Otro factor a tener en cuenta, sobre todo dada la temporalidad de estas exposiciones, es la cada vez mayor importancia de los catálogos, únicos testimonios del conjunto de obras de arte expuestas de forma, muchas veces, irrepetible. La exposición más visitada ha sido la de Arte degenerado, organizada en 1937 por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, que fue visitada por unos tres millones de personas en diversas ciudades alemanas a lo largo de cuatro años.[59]

Clasificación del arte


Clasificación del arte

Las siete artes liberales, imagen del Hortus deliciarum (siglo XII), de Herrad von Landsberg.
La clasificación del arte, o de las distintas facetas o categorías que pueden considerarse artísticas, ha tenido una evolución paralela al concepto mismo de arte: como se ha visto anteriormente, durante la antigüedad clásica se consideraba arte todo tipo de habilidad manual y destreza, de tipo racional y sujeta a reglas; así, entraban en esa denominación tanto las actuales bellas artes como la artesanía y las ciencias, mientras que quedaban excluidas la música y la poesía. Una de las primeras clasificaciones que se hicieron de las artes fue la de los filósofos sofistas presocráticos, que distinguieron entre “artes útiles” y “artes placenteras”, es decir, entre las que producen objetos de cierta utilidad y las que sirven para el entretenimiento. Plutarco introdujo, junto a estas dos, las “artes perfectas”, que serían lo que hoy consideramos ciencias. Platón, por su parte, estableció la diferencia entre “artes productivas” y “artes imitativas”, según si producían objetos nuevos o imitaban a otros.[38]
Durante la era romana hubo diversos intentos de clasificar las artes: Quintiliano dividió el arte en tres esferas: “artes teóricas”, basadas en el estudio (principalmente, las ciencias); “artes prácticas”, basadas en una actividad, pero sin producir nada (como la danza); y “artes poéticas” –según la etimología griega, donde ποίησις (poíêsis) quiere decir ‘producción’–, que son las que producen objetos. Cicerón catalogó las artes según su importancia: “artes mayores” (política y estrategia militar), “artes medianas” (ciencias, poesía y retórica) y “artes menores” (pintura, escultura, música, interpretación y atletismo). Plotino clasificó las artes en cinco grupos: las que producen objetos físicos (arquitectura), las que ayudan a la naturaleza (medicina y agricultura), las que imitan a la naturaleza (pintura), las que mejoran la acción humana (política y retórica) y las intelectuales (geometría).[39]
Sin embargo, la clasificación que tuvo más fortuna –llegando hasta la era moderna– fue la de Galeno en el siglo II, que dividió el arte en “artes liberales” y “artes vulgares”, según si tenían un origen intelectual o manual. Entre las liberales se encontraban: la gramática, la retórica y la dialéctica –que formaban el trivium–, y la aritmética, la geometría, la astronomía y la música –que formaban el quadrivium–; las vulgares incluían la arquitectura, la escultura y la pintura, pero también otras actividades que hoy consideramos artesanía.[40]
Durante la Edad Media continuó la división del arte entre artes liberales y vulgares –llamadas estas últimas entonces “mecánicas”–, si bien hubo nuevos intentos de clasificación: Boecio dividió las artes en ars y artificium, clasificación similar a la de artes liberales y vulgares, pero en una acepción que casi excluía las formas manuales del campo del arte, dependiendo éste tan sólo de la mente. En el siglo XII, Radulfo de Campo Lungo intentó hacer una clasificación de las artes mecánicas, reduciéndolas a siete, igual número que las liberales. En función de su utilidad cara a la sociedad, las dividió en: ars victuaria, para alimentar a la gente; lanificaria, para vestirles; architectura, para procurarles una casa; suffragatoria, para darles medios de transporte; medicinaria, que les curaba; negotiatoria, para el comercio; militaria, para defenderse.[41]
En el siglo XVI empezó a considerarse que la arquitectura, la pintura y la escultura eran actividades que requerían no sólo oficio y destreza, sino también un tipo de concepción intelectual que las hacían superiores a otros tipos de manualidades. Se gestaba así el concepto moderno de arte, que durante el Renacimiento adquirió el nombre de arti del disegno (artes del diseño), por cuanto comprendían que esta actividad –el diseñar– era la principal en la génesis de las obras de arte.[42]
Las Meninas (1656), de Velázquez, fue un alegato de la figura del pintor como artista inspirado, frente a la condición de simple artesano que hasta entonces se tenía del oficio de pintor.
Sin embargo, faltaba aglutinar estas artes del diseño con el resto de actividades consideradas artísticas (música, poesía y teatro), tarea que se desarrolló durante los dos siglos siguientes con varios intentos de buscar un nexo común a todas estas actividades: así, el humanista florentino Giannozzo Manetti propuso el término “artes ingeniosas”, donde incluía las artes liberales, por lo que sólo cambiaba el vocablo; el filósofo neoplatónico Marsilio Ficino elaboró el concepto de “artes musicales”, argumentando que la música era la inspiración para todas las artes; en 1555, Giovanni Pietro Capriano introdujo en su De vera poetica la acepción “artes nobles”, apelando a la elevada finalidad de estas actividades; Lodovico Castelvetro habló en su Correttione (1572) de “artes memoriales”, ya que según él estas artes buscaban fijar en objetos la memoria de cosas y acontecimientos; Claude-François Menestrier, historiador francés del siglo XVII, formuló la idea de “artes pictóricas”, remarcando el carácter visual del arte; Emanuele Tesauro ideó en 1658 la noción de “artes poéticas”, inspirado en la célebre cita de Horacio ut pictura poesis (la pintura como la poesía), describiendo el componente poético y metafórico de estas artes; ya en el siglo XVIII, coincidieron en un mismo año (1744) dos definiciones, la de “artes agradables” de Giambattista Vico, y la de “artes elegantes” de James Harris; por último, en 1746, Charles Batteux estableció en Las bellas artes reducidas a un único principio la concepción actual de bellas artes, remarcando su aspecto de imitación (imitatio).[43]
Batteux incluyó en las bellas artes pintura, escultura, música, poesía y danza, mientras que mantuvo el término artes mecánicas para el resto de actividades artísticas, y señaló como actividades entre ambas categorías la arquitectura y la retórica, si bien al poco tiempo se eliminó el grupo intermedio y la arquitectura y la retórica se incorporaron plenamente a las bellas artes. Sin embargo, con el tiempo, esta lista sufrió diversas variaciones, y si bien se aceptaba comúnmente la presencia de arquitectura, pintura, escultura, música y poesía, los dos puestos restantes oscilaron entre la danza, la retórica, el teatro y la jardinería, o, más adelante, nuevas disciplinas como la fotografía y el cine. El término “bellas artes” hizo fortuna, y quedó fijado como definición de todas las actividades basadas en la elaboración de objetos con finalidad estética, producidos de forma intelectual y con voluntad expresiva y trascendente. Así, desde entonces las artes fueron “bellas artes”, separadas tanto de las ciencias como de los oficios manuales. Por eso mismo, durante el siglo XIX se fue produciendo un nuevo cambio terminológico: ya que las artes eran sólo las bellas artes, y el resto de actividades no lo eran, poco a poco se fue perdiendo el término ‘bellas’ para quedar sólo el de ‘artes’, quedando la acepción ‘arte’ tal como la entendemos hoy día. Incluso sucedió que entonces se restringió el término “bellas artes” para designar las artes visuales, las que en el Renacimiento se denominaban “artes del diseño” (arquitectura, pintura y escultura), siendo las demás las “artes en general”. También hubo una tendencia cada vez más creciente a separar las artes visuales de las literarias, que recibieron el nombre de “bellas letras”.[44]
Sin embargo, pese a la aceptación general de la clasificación propuesta por Batteux, en los siglos siguientes todavía se produjeron intentos de nuevas clasificaciones del arte: Immanuel Kant distinguió entre “artes mecánicas” y “artes estéticas”; Robert von Zimmermann habló de artes de la representación material (arquitectura y escultura), de la representación perceptiva (pintura y música) y de la representación del pensamiento (literatura); y Alois Riegl, en Arte industrial de la época romana tardía, dividió el arte en arquitectura, plástica y ornamento. Hegel, en su Estética (1835-1838), estableció tres formas de manifestación artística: arte simbólico, clásico y romántico, que se relacionan con tres formas diferentes de arte, tres estadios de evolución histórica y tres maneras distintas de tomar forma la idea:

Visión actual del arte


Visión actual del arte

Fuente, de Marcel Duchamp. El siglo XX supone una pérdida del concepto de belleza clásica para conseguir un mayor efecto en el diálogo artista-espectador.
El siglo XX ha supuesto una radical transformación del concepto de arte: la superación de las ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e individuales, partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores como Kierkegaard y Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la belleza clásica. El concepto de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías científicas: la subjetividad del tiempo de Bergson, la Teoría de la relatividad de Einstein, la mecánica cuántica, la teoría del psicoanálisis de Freud, etc. Por otro lado, las nuevas tecnologías hacen que el arte cambie de función, debido a que la fotografía y el cine ya se encargan de plasmar la realidad. Todos estos factores producen la génesis del arte abstracto, el artista ya no intenta reflejar la realidad, sino su mundo interior, expresar sus sentimientos.[26] El arte actual tiene oscilaciones continuas del gusto, cambia simultáneamente junto a éste: así como el arte clásico se sustentaba sobre una metafísica de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra gusto en la conciencia social de placer (cultura de masas). También hay que valorar la progresiva disminución del analfabetismo, puesto que antiguamente, al no saber leer gran parte de la población, el arte gráfico era el mejor medio para la transmisión del conocimiento –sobre todo religioso–, función que ya no es necesaria en el siglo XX.
Una de las primeras formulaciones fue la del marxismo: de la obra de Marx se desprendía que el arte es una “superestructura” cultural determinada por las condiciones sociales y económicas del ser humano. Para los marxistas, el arte es reflejo de la realidad social, si bien el propio Marx no veía una correspondencia directa entre una sociedad determinada y el arte que produce. Georgi Plejánov, en Arte y vida social (1912), formuló una estética materialista que rechazaba el “arte por el arte”, así como la individualidad del artista ajeno a la sociedad que lo envuelve.[27] Walter Benjamin incidió de nuevo en el arte de vanguardia, que para él es «la culminación de la dialéctica de la modernidad», el final del intento totalizador del arte como expresión del mundo circundante. Intentó dilucidar el papel del arte en la sociedad moderna, realizando un análisis semiótico en el que el arte se explica a través de signos que el hombre intenta descifrar sin un resultado aparentemente satisfactorio. En La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica (1936) analizó la forma cómo las nuevas técnicas de reproducción industrial del arte pueden hacer variar el concepto de éste, al perder su carácter de objeto único y, por tanto, su halo de reverencia mítica; esto abre nuevas vías de concebir el arte –inexploradas aún para Benjamin– pero que supondrán una relación más libre y abierta con la obra de arte.[28]
Theodor W. Adorno, como Benjamin perteneciente a la Escuela de Frankfurt, defendió el arte de vanguardia como reacción a la excesiva tecnificación de la sociedad moderna. En su Teoría estética (1970) afirmó que el arte es reflejo de las tendencias culturales de la sociedad, pero sin llegar a ser fiel reflejo de ésta, ya que el arte representa lo inexistente, lo irreal; o, en todo caso, representa lo que existe pero como posibilidad de ser otra cosa, de trascender. El arte es la “negación de la cosa”, que a través de esta negación la trasciende, muestra lo que no hay en ella de forma primigenia. Es apariencia, mentira, presentando lo inexistente como existente, prometiendo que lo imposible es posible.[29]
Isla Pagoda en la desembocadura del río Min (1870), de John Thomson. La fotografía supuso una gran revolución a la hora de concebir el arte en el siglo XIX y el XX.
Representante del pragmatismo, John Dewey, en Arte como experiencia (1934), definió el arte como “culminación de la naturaleza”, defendiendo que la base de la estética es la experiencia sensorial. La actividad artística es una consecuencia más de la actividad natural del ser humano, cuya forma organizativa depende de los condicionamientos ambientales en que se desenvuelve. Así, el arte es “expresión”, donde fines y medios se fusionan en una experiencia agradable. Para Dewey, el arte, como cualquier actividad humana, implica iniciativa y creatividad, así como una interacción entre sujeto y objeto, entre el hombre y las condiciones materiales en las que desarrolla su labor.[30]
José Ortega y Gasset analizó en La deshumanización del arte (1925) el arte de vanguardia desde el concepto de “sociedad de masas”, donde el carácter minoritario del arte vanguardista produce una elitización del público consumidor de arte. Ortega aprecia en el arte una “deshumanización” debida a la pérdida de perspectiva histórica, es decir, de no poder analizar con suficiente distancia crítica el sustrato socio-cultural que conlleva el arte de vanguardia. La pérdida del elemento realista, imitativo, que Ortega aprecia en el arte de vanguardia, supone una eliminación del elemento humano que estaba presente en el arte naturalista. Asimismo, esta pérdida de lo humano hace desaparecer los referentes en que estaba basado el arte clásico, suponiendo una ruptura entre el arte y el público, y generando una nueva forma de comprender el arte que sólo podrán entender los iniciados. La percepción estética del arte deshumanizado es la de una nueva sensibilidad basada no en la afinidad sentimental –como se producía con el arte romántico–, sino en un cierto distanciamiento, una apreciación de matices. Esa separación entre arte y humanidad supone un intento de volver al hombre a la vida, de rebajar el concepto de arte como una actividad secundaria de la experiencia humana.[31]

Evolución Histórica del arte


Evolución histórica del concepto de arte

En la antigüedad clásica grecorromana, una de las principales cunas de la civilización occidental y primera cultura que reflexionó sobre el arte, se consideraba el arte como una habilidad del ser humano en cualquier terreno productivo, siendo prácticamente un sinónimo de ‘destreza’: destreza para construir un objeto, para comandar un ejército, para convencer al público en un debate, o para efectuar mediciones agronómicas. En definitiva, cualquier habilidad sujeta a reglas, a preceptos específicos que la hacen objeto de aprendizaje y de evolución y perfeccionamiento técnico. En cambio, la poesía, que venía de la inspiración, no estaba catalogada como arte. Así, Aristóteles, por ejemplo, definió el arte como aquella «permanente disposición a producir cosas de un modo racional», y Quintiliano estableció que era aquello «que está basado en un método y un orden» (via et ordine).[4] Platón, en el Protágoras, habló del arte, opinando que es la capacidad de hacer cosas por medio de la inteligencia, a través de un aprendizaje. Para Platón, el arte tiene un sentido general, es la capacidad creadora del ser humano.[5] Casiodoro destacó en el arte su aspecto productivo, conforme a reglas, señalando tres objetivos principales del arte: enseñar (doceat), conmover (moveat) y complacer (delectet).[6]
Durante el Renacimiento se empezó a gestar un cambio de mentalidad, separando los oficios y las ciencias de las artes, donde se incluyó por primera vez a la poesía, considerada hasta entonces un tipo de filosofía o incluso de profecía –para lo que fue determinante la publicación en 1549 de la traducción italiana de la Poética de Aristóteles–. En este cambio intervino considerablemente la progresiva mejora en la situación social del artista, debida al interés que los nobles y ricos prohombres italianos empezaron a mostrar por la belleza. Los productos del artista adquirieron un nuevo estatus de objetos destinados al consumo estético y, por ello, el arte se convirtió en un medio de promoción social, incrementándose el mecenazgo artístico y fomentando el coleccionismo.[7] Surgieron en ese contexto varios tratados teóricos acerca del arte, como los de Leon Battista Alberti (De Pictura, 1436-1439; De re aedificatoria, 1450; y De Statua, 1460), o Los Comentarios (1447) de Lorenzo Ghiberti. Alberti recibió la influencia aristotélica, pretendiendo aportar una base científica al arte. Habló de decorum, el tratamiento del artista para adecuar los objetos y temas artísticos a un sentido mesurado, perfeccionista. Ghiberti fue el primero en periodificar la historia del arte, distinguiendo antigüedad clásica, periodo medieval y lo que llamó “renacer de las artes”.[8]
Con el manierismo comenzó el arte moderno: las cosas ya no se representan tal como son, sino tal como las ve el artista. La belleza se relativiza, se pasa de la belleza única renacentista, basada en la ciencia, a las múltiples bellezas del manierismo, derivadas de la naturaleza. Apareció en el arte un nuevo componente de imaginación, reflejando tanto lo fantástico como lo grotesco, como se puede percibir en la obra de Brueghel o Arcimboldo. Giordano Bruno fue uno de los primeros pensadores que prefiguró las ideas modernas: decía que la creación es infinita, no hay centro ni límites –ni Dios ni hombre–, todo es movimiento, dinamismo. Para Bruno, hay tantos artes como artistas, introduciendo la idea de originalidad del artista. El arte no tiene normas, no se aprende, sino que viene de la inspiración.[9]
Los siguientes avances se hicieron en el siglo XVIII con la Ilustración, donde comenzó a producirse cierta autonomía del hecho artístico: el arte se alejó de la religión y de la representación del poder para ser fiel reflejo de la voluntad del artista, centrándose más en las cualidades sensibles de la obra que no en su significado.[10] Jean-Baptiste Dubos, en Reflexiones críticas sobre la poesía y la pintura (1719), abrió el camino hacia la relatividad del gusto, razonando que la estética no viene dada por la razón, sino por los sentimientos. Así, para Dubos el arte conmueve, llega al espíritu de una forma más directa e inmediata que el conocimiento racional. Dubos hizo posible la democratización del gusto, oponiéndose a la reglamentación académica, e introdujo la figura del ‘genio’, como atributo dado por la naturaleza, que está más allá de las reglas.

Que es el arte?

  •  INTRODUCCIÓN AL LENGUAJE ARTÍSTICO: ¿QUÉ ES EL ARTE? ¿QUÉ ES EL ARTE? ¿cuándo un objeto es una obra de arte y cuándo no? ¿cuál es su valor? ¿para qué sirve? ¿a qué dan importancia en una obra de arte los historiadores? Algunas PREGUNTAS previas
  • 7. ¿CÓMO MIRAMOS LA OBRA DE ARTE? LAS SENSACIONES del espectador CONTEMPLACIÓN REFLEXIÓN Se hace necesario un proceso de formación: SABER MIRAR LA OBRA DE ARTE, APRENDER A MIRAR LA OBRA DE ARTE
  • 8. ¿QUÉ ES EL ARTE? Redacta una breve explicación en la que definas lo que tú entiendes por arte Y ADEMÁS: ¿Crees que el arte tiene o ha de tener alguna función? ¿cuál? ¿Crees que hay que hay que poseer algún tipo de conocimiento para entender y apreciar una obra de arte? ¿Por qué? ¿Has visitado alguna exposición artística o museo? ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Lo que menos? ¿Crees que el valor de una obra de arte y su “precio” son la misma cosa? ¿Por qué? ¿Qué factores o circunstancias crees que influyen en el trabajo de los artistas? Enuméralas.
  • 9. Primeras Conclusiones ¿Qué es el arte? La función del arte El lenguaje artístico El contexto de la obra de arte El valor de la obra de arte “ No existe el arte. Tan sólo hay artistas” (E. Gombrich) “ Arte es todo lo que el hombre llama arte” (Dino de Formaggio)
  • 10. El término arte procede del término latino A rs . En la Antigüedad se consideró el arte como la pericia y habilidad en la producción de algo. Es sólo a partir de finales del siglo XV , durante el Renacimiento Italiano, cuando, por primera vez, se hace la distinción entre el artesano y el artista ( artesanía y bellas artes ) y, por ello mismo, entre el artesano, productor de obras múltiples, y el artista, productor de obras únicas. Es también en este periodo cuando se crea un lenguaje articulado para referirse al exterior y no a la representación formal. Quedando clasificadas las artes liberales (las actuales bellas artes) en tres oficios: escultores , pintores y arquitectos .
  • 11. Es a finales del siglo XVIII y, sobre todo, a mediados del XIX (primera industrialización) cuando se da una verdadera oposición entre el producto artístico (trabajo global con carácter exclusivo) y el industrial (trabajo parcelado y producido en serie). En este periodo se dio un notable incremento de las colecciones privadas , se crearon las primeras academias de arte (sin acceso para las mujeres hasta principios del s. XX) y los primeros museos . Surgió la idea de patrimonio con la aparición de los primeros museos (nacidos, en muchos casos, de las colecciones reales) y los 'especialistas ' como críticos, galeristas y coleccionistas.
  • 12. LA GRECIA CLÁSICA (s. V a de C.): la búsqueda del ideal de “Belleza y la fijación del “Cánon clásico”. (reivindicación del concepto de CLASICISMO a lo largo de la historia: Renacimiento (s. XV-XVI), Neoclasicismo (S. XVIII). EL CONCEPTO DE ARTE: Las respuestas a lo largo de la Historia LA EDAD MEDIA (Occidente, s. VII-XIV): La mentalidad religiosa condiciona el valor de la expresiones artísticas en esta época y en diferentes culturas (Cristiandad, Islam, etc.). El arte es una forma de Honrar a Dios. En la ÉPOCA CONTEMPORÁNEA (a partir del s.XIX): Dislocación definitiva de las tradicionales concepciones del arte. Multiplicidad de movimientos y estilos artísticos. Triunfo del subjetivismo y del individualismo. La necesidad del arte y el PAPEL DEL HISTORIADOR
  • 13. LA CONSIDERACIÓN SOCIAL DEL ARTISTA (evolución a lo largo de la historia) La labor artística era considerada, tanto en la Antigüedad como en la Edad Media como una ACTIVIDAD ARTESANAL, sus autores carecían de relevancia social. Reconocimiento del carácter intelectual de la actividad artística. consolidación de la figura del “Artista”. Renacimiento Barroco (s. XV-XVIII) Apolo Anónimo
  • 14. CÓMO APRENDER A MIRAR UNA OBRA DE ARTE PROCESO Interpretar el lenguaje artístico: saber leer la obra de arte. Conocer la morfología con la que construimos el lenguaje artístico (arquitectura, escultura, Pintura, fotografía, etc.) Valoración del contexto histórico en que se desarrolla la obra de arte. Un espectador formado se convierte en un receptor consciente de la obra de arte EJERCITAR LA MIRADA - FORMAR LA MIRADA
  • 15. TEORÍA Y FUNCIÓN DEL ARTE EL ARTE Y LA CREACIÓN ARTÍSTICA NATURALEZA DE LA OBRA DE ARTE LA OBRA Y EL ESTILO ARTÍSTICO CLASIFICACIÓN DE LAS OBRAS DE ARTE LA FUNCIÓN DE LA OBRA DE ARTE
  • 16. 1. EL ARTE Y LA CREACIÓN ARTÍSTICA La creación artística es inherente al ser humano, desde la niñez y desde las primeras culturas del Homo Sapiens, el arte y el hombre son inseparables.
  • 17. La obra de arte es, ante todo, comunicación; es un código más de los creados por el hombre para expresar y transmitir ideas y sentimientos, por eso la creación artística es un lenguaje , el lenguaje artístico. Mediante el arte el hombre imita o expresa lo material o lo inmaterial, el artista expresa imágenes de la realidad física o humana o simplemente sentimientos, sueños o esperanzas. En definitiva, crea copiando, evocando o inventando.
  • 18. El autor , independientemente de la época y del modo de expresión , es, ante todo, creador , unas veces respondiendo a criterios o normas de su civilización y otras expresando sus ideas y sentimientos con mayor libertad.
  • 19. ARTE Y BELLEZA Debemos mencionar que la creación artística no necesariamente lleva implícita la idea de belleza, ya que a veces se expresa con formas feas y hasta grotescas ( Saturno devorando a sus hijos de Goya).
  • 20. 2. NATURALEZA DE LA OBRA DE ARTE La obra artística es el resultado de una serie de factores que influyen en el creador y en la obra de arte en sí, ya que en ella inciden y se resumen una serie de componentes individuales (la personalidad del artista), intelectuales (las ideas de la época), sociales (la clientela y los gustos de la sociedad del momento) y técnicos. Catedral gótica De León Turning Torso, de Santiago Calatrava
  • 21. 2.1. La personalidad del artista La obra de arte es reflejo de una personalidad creadora ( No existe el arte, sólo artistas , señala E. Gombrich), por lo que podemos incluso llegar a apreciar las características psicológicas del artista a través de su obra ( Autorretrato de Van Gogh; autorretrato de P. Picasso). Pero no actúa el creador sin más referencia que su propio yo, es inevitable que el mundo exterior de la realidad visible incida sobre sus sentidos e influya en sus creaciones.
  • 22. 2.2 Las ideas y los gustos de la época Sobre la personalidad del artista se superpone el mundo de pensamientos y sentimientos de la época en la que el artista trabaja, lo que influye sobre sus creaciones consciente o inconscientemente. Pueden influir circunstancias excepcionales de la biografía de un artista ( Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya); los acontecimientos históricos que le tocan vivir ( La Libertad guiando al pueblo , de Delacroix); o la obra de los contemporáneos, otro factor que influye en la producción de cada uno de los otros artistas.
  • 23. Por tanto, las obras de arte no son simplemente la expresión de un artista individual, sino que traslucen además múltiples aspectos de una época, de una sociedad, aunque la última palabra la tiene el genio individual ( La romería de San isidro, de Goya). El arte es reflejo de la sociedad del momento en que se crea.
  • 24. 2.3. Los conocimientos técnicos En la medida que la actividad artística exige destreza manual, las posibilidades y características del material sobre el que se trabaja y los conocimientos técnicos que se tienen, en general y sobre materiales concretos y sobre sus posibilidades de trabajo, influyen inevitablemente en la obra final.
  • 25. La historia del arte no es acumulativa , un estilo no supone un progreso sobre el anterior, ni el arte de un siglo implica superioridad sobre el de los precedentes, pero sí lo es en el sentido técnico, en cuanto que los medios de trabajo se van descubriendo y perfeccionando sucesivamente ( Cromlech de Stonehenge ; y Catedral de Toledo ).
  • 26. 3. LA OBRA ARTÍSTICA Y EL ESTILO Denominamos "estilo artístico" a la forma de manifestarse un artista o una colectividad mediante unas características comunes que se repiten durante una determinada época. En arte se trata de un concepto fundamental, sin él careceríamos de los elementos que distinguen a todas las creaciones de una misma época y del sentido de la evolución de las formas.
  • 27. En relación con el proceso de evolución de los estilos y más concretamente refiriéndonos a su desaparición y sustitución por otros nuevos , algunos tratadistas basan sus explicaciones en la aparición de innovaciones técnicas, pero ésta es sólo una de las explicaciones posibles o aplicable únicamente a momentos concretos, porque también los cambios de estilo pueden deberse a cambios sociales, ideológicos, religiosos, políticos, etc. Veamos algunas obras sobre un único tema a lo largo de la historia
  • 28.
  • 29. 4. CLASIFICACIÓN DE LAS OBRAS DE ARTE. La clasificación que debemos establecer, al quedar en ella incluidas todas sus manifestaciones, es la que divide a las obras de arte en Artes Plásticas ( arquitectura, pintura y escultura ), Artes Decorativas (subordinadas a la arquitectura, como los mosaicos, vidrieras, yeserías , etc., y exentas, como la miniatura, el grabado, la orfebrería, los esmaltes, la cerámica ...) y, por último, las Artes No Plásticas (literatura, música, danza, fotografía, cine, etc.). 

Cómo estimula el cerebro del ser humano la musica



¿dicen que la musica estimula el cerebro?

dicen que la musica estimula el cerebro, cuanta mas variedad de musica , cuando mas sonidos nuevos hagamos escuchar a unuestro cerebro se entrenan las neuronas y muchas veces te hacen sentir sentimientos nuevos.
¿Porque crees que la musica es tan importante en el ser-humano?

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Ahora se sabe que alguna música (tribal, New Age, clásica) provoca la respuesta de relajación o reflejo de quietud (disminución de la frecuencia respiratoria, de la frecuencia cardiaca, de la tensión arterial, del tono muscular y del consumo de oxígeno) por medio de la liberación de endorfina; lo mismo sucede con la estimulación eléctrica, que además de liberar este neurotransmisor puede llegar a "resonar" a la misma frecuencia de otras sustancias, como es el caso de la serotonina, que se libera a 10 Hz.

Se han demostrado cambios electromagnéticos y en la bioluminiscencia del cuerpo humano al ser expuesto a diversas tonalidades; por lo que los sonidos ricos en armonías son los más benéficos para el ser humano, y los cuales se obtienen por medio de la voz (cantos hoomi, cantos gregorianos y de los monjes tibetanos), instrumentos tribales (didjeridu, tambor) así como del armonio, tanpura, cuencos y campanas tibetanas y por parte de la naturaleza, de los grillos y cigarras.

Las escalas de los ragas en la India han comprobado los efectos saludables sobre el cuerpo humano (e incluso en las plantas), ya que provocan la liberación de neurotransmisores e inducción al ritmo alfa y theta. El vocalizar simplemente aaaaaaaaa y tocar la campana y cuenco tibetano induce el ritmo alfa. Los cantos armónicos de las diversas tradiciones religiosas, el didjeridu australiano y el tambor africano pueden llegar hasta producir ritmo.

Tipos de música que existen


  • Hay muchos tipos de musica, no se a que te refieres exactamente pero ahi te va mas o menos:
    La musica occidental es musica tonal ,esta construida por semitonos, o medios tonos, es cada tecla del piano o cada traste de la guitarra, uno de los precursores de este tipo de musica fue Beethoven que ahora es la gran mayoria sobre las que se basan casi todos los generos.
    existe musica que se sale de este esquema y esta construida en cuartos de tono como la hindu y la china clasica, y otras.
    Existe musica que no siguen las reglas basicas de tonos que pertenece a la musica occidental, aunque tengan la estructura de semitonos, este es el caso de la dodecafonica la cual fue creada por Schonberg y Webern es musica con reglas diferentes y es muy compleja de entender para los que tenemos el oido acostumbrado a otro tipo de reglas, es completamente opuesta a la musica tonal.
    espero te haya gustado mi pequeña explicacion, no esta tan completa pero son las bases
    suerte
  • La música se divide en 3:culta, tradicional y popular
    Culta:Es la conocida como clásica:En ella encontramos el greggoriano, la zarzuela, el requiem, la opera, la sonata, el nocturno, el vals, la marcha, el concierto, las piezas para diferentes instrumentos,algunas bandas sonoras...
    Tradicional:Son las tipicas de un lugar:La sardana, la jota, el chotis, la muñeira creo, las sevillanas, el flamenco y todos sus palos(verdiales etc...)
    La popular:es la musika compuesta para comercializarse y venderse y es la más conocida:el rock, el rock and roll el punk el heavy el ska el reggae el pop el pop rock,la salsa, el merengue, el tango, el jazz, el blues, el soul, el ghostpel?,el bakalao dentro del cual encontrammos el dance el tecno el house , el hip hop el reggaeton la bossanova el bolero el swing el punk rock la disco.el hip hop desde mi opinion no puede ser considerado musika, pues no puede traducirse a notas es simplmnte poesia cn ritmo y el bakalao y el reggaeton son la verguenza de la musika.la musika popular mejor elaborada y virtuosistica es el jazz, el rock, el ska y el blues

Beneficios de la música en el ser humano


Cuáles son los beneficios de la música en el cuerpo humano?


Efectos de la música.


Entre los más importantes están los siguientes: acelera o retarda las principales funciones orgánicas (ritmo cerebral, circulación, respiración, digestión y metabolismo); incrementa o disminuye el tono y la energía muscular; modifica el sistema inmunitario; altera la actividad neuronal en las zonas del cerebro implicadas en la emoción, e incrementa la resistencia para el trabajo y para las actividades de alto rendimiento, entre otros.

Psicológicamente, la música puede despertar, evocar, estimular, robustecer y desarrollar diversas emociones y sentimientos. Es una fuente de placer, y puede provocar catarsis y sublimaciones. También puede traer a la memoria olores y colores, y modificar el estado de ánimo del oyente y su percepción del espacio y del tiempo.

La música suscita el placer estético y mueve a la reflexión; incita y favorece la expresión de uno mismo e induce a la colaboración intergrupal y al entendimiento cultural.

Intelectualmente, la música desarrolla la capacidad de atención y favorece la imaginación y la capacidad creadora; estimula la habilidad de concentración y la memoria a corto y largo plazo y desarrolla el sentido del orden y del análisis. Facilita el aprendizaje al mantener en actividad las neuronas cerebrales, y ejercita la inteligencia, ya que favorece el uso de varios razonamientos a la vez al percibir diferenciadamente sus elementos, y sintetizarlos en la captación de un mensaje integrado, lógico y bello. [

Terapéuticamente hablando, la música se utiliza en el tratamiento de dolencias como la hipertensión arterial, estados de ansiedad, depresión y estrés, y alteraciones del sueño. También se emplea en la rehabilitación de pacientes psicóticos, de niños autistas y de adolescentes con trastornos del comportamiento.

El empleo terapéutico de la música se denomina musicoterapia, ciencia que se ocupa del mantenimiento, la restauración y el acrecentamiento de la salud, tanto física como mental, a través de la música. Mediante técnicas específicas de la musicoterapia, se pueden estimular los neurotransmisores endógenos del cerebro, de tal forma que provoquen reacciones químicas que mejoren, aceleren o favorezcan el aprendizaje.
http://www.redcientifica.com/doc/doc200209150300.html

La melodía influye directamente sobre el ámbito de la afectividad, se relaciona con estados subjetivos de placer-displacer, alegría-tristeza.

El ritmo, en su condición de elemento dinámico, actúa como un estimulante del estado físico y anímico.

La armonía, cuando es disonante, provoca estados de ansiedad, inquietud o agitación; por el contrario, cuando es consonante, se relaciona con estados de serenidad, equilibrio, estabilidad y reposo.

El timbre o tono, provoca respuestas emocionales diversas de acuerdo con la naturaleza del instrumento; así los de cobre excitan, los de viento impulsan, las cuerdas sedan y los membranófonos calman.

La altura, cuyo equivalente subjetivo es el tono, cuando es alto provoca un estado de cierta excitación o alegría; pero si es excesivo provoca molestias e irritabilidad.

La intensidad, cuando es débil provoca sensación de intimidad y expresa quietud y serenidad; cuando es alta puede provocar molestias psicológicas y físicas (dolor).

Otros efectos de la música han sido señalados, así Benenzon describe los siguientes:

* Según el ritmo se incrementa o disminuye la energía muscular.
* Acelera la respiración o altera su regularidad.
* Produce efectos marcados y variables en la presión sanguínea, el pulso y la función endocrina.
* Tiende a demorar la fatiga e incrementar el endurecimiento muscular.
* Aumenta la actividad como escribir a máquina.
* Puede provocar cambios en el trazado eléctrico del organismo, en el metabolismo y en la síntesis de variados procesos enzimáticos.
http://saludparalavida.sld.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=206

Un reciente estudio ha comprobado que el ritmo musical, las melodias y la armonia musical estimulan varias areas particulares del cerebro, lo cual sugiere que la musica puede ser utilizada para ayudar en casos de problemas del habla y en varios tipos de problemas intelectuales vinculados a la vez con el cerebro y con los sonidos

Cómo ayuda la música al ser humano


"La música ayuda a afrontar de forma positiva las situaciones dramáticas"

Texto Javier Marrodán [Com 89] y Chus Cantalapiedra [Com 02]Fotografía Manuel Castells [Com 89]
Habla de sí misma y de su trabajo con el mismo entusiasmo con el que maneja la batuta. Apenas tenía doce años cuando vio “de forma clara” que la música debía formar parte de su vida. Ha trabajado con orquestas de todo el mundo y mantiene intacta la pasión de sus comienzos, quizá porque está convencida de que la música es el arte con “mayor capacidad para emocionar de verdad”. El pasado diciembre dirigió en Pamplona a la Orquesta Sinfónica Nacional Checa, en un concierto organizado con motivo del cincuentenario de la Clínica Universidad de Navarra.

¿Cuándo descubrió que quería dedicarse a la música?
La música es un proceso, como la convivencia. Comencé a apreciarla con cuatro años: todavía no era muy consciente, pero sí tenía claro que la música me hacía muy feliz. Tengo que agradecer mucho a mi familia el hecho de que me dieran la posibilidad de tener contacto con todas las artes. La música fue la que encajó más con mi personalidad, fui descubriendo que le daba sentido a mi vida. A los once o doce años, ya de manera más meditada —con lo que se puede meditar a esa edad—, entendí que la música debía formar parte de mi vida, y no solamente de mi educación. Ya entonces me vi como directora de orquesta.
¿Por qué como directora?
Un profesor descubrió que tenía capacidades para ejercer. Fue un proceso inconsciente, no es algo que decidas de un día para otro. Lo que sí tuve claro desde pequeña es que la música es absolutamente gratificante. Para mí se ha convertido, no ya en una profesión, sino en una forma de vivir, en una forma de expresarme, de sentir. Es casi una obsesión. Hoy no concibo la vida sin la música. Creo que hasta cuando observo la naturaleza estoy escuchando música.
¿Disfruta con cualquier música?
Me gusta la música en general, pero me inclino más hacia lo clásico. Es algo que me ocurre en todos los ámbitos, también en la arquitectura o en la pintura. Quizá sea una deformación profesional… El pop o el rock no me han interesado, tampoco cuando era más joven. He tenido una infancia muy feliz, pero siempre muy centrada en hacer realidad lo que al principio sólo era un sueño. Nunca he ido a un concierto de rock, y tampoco me he identificado con las grandes masas… No sé, supongo que son opciones que nos da la vida. Lo que sí tengo claro es que, si la música ayuda a la alegría de vivir, a la alegría de compartir y a la convivencia humana, cualquier manifestación es idónea y válida. No me gustan en cambio las composiciones que exaltan al ser humano con música negativa o con textos provocativos. Entiendo que la música es un modo de transmitir la belleza. Quizá sea esa la mejor definición de la música: es la belleza que nace del interior, una expresión de la alegría de vivir.
Se dice que los buenos libros hacen mejores a sus lectores. ¿Ocurre lo mismo con la música?
La música debería ser una asignatura esencial de la educación. La música clásica estimula la creatividad y desarrolla la sensibilidad. Tiene muchos valores añadidos, y no sólo desde el punto de vista lúdico, también desde el pedagógico o el educativo. Creo que la música es una de las mejores herramientas para alcanzar el equilibrio personal y la paz interior. Vivaldi, por ejemplo, proporciona una serenidad increíble. La música despierta la esperanza, la ilusión de vivir. Incluso cuando sus acordes transmiten tristeza nunca son dolorosos, no se trata de una tristeza real: es más la nostalgia de algo que se ha perdido. La música despoja al ser humano de su aspecto más racional y despierta en él los sentimientos, que son los que de verdad movilizan a las personas. La música es capaz de conseguir que los seres humanos realmente se miren a los ojos: en ese momento no piensan, sólo sienten. El trabajo en una orquesta produce una complicidad muy gratificante. Y si además se obtiene el aplauso del público, hay una sensación de orgullo compartida: sientes entonces que has hecho bien tu trabajo, que has logrado una comunicación auténtica en medio de una sociedad que con frecuencia se queda únicamente en lo cuantitativo.
La música es un lenguaje que permite expresar cosas que no se pueden decir de otro modo…
Hace poco, después de un concierto, se me acercó un matrimonio ya mayor. Enseguida descubrí que eran dos personas que llevaban toda una vida juntos. Él estaba un poco emocionado, y ella me explicó que estaba bastante enfermo. “Es de las últimas cosas que él ha sentido”, me dijo, refiriéndose al concierto. Eso era justamente lo que le había emocionado. Y entonces piensas: “¡Qué grande es la música!”. Por eso insisto tanto en la importancia que tiene la música para los niños. Les ayuda a desarrollar la inteligencia emocional, estimula sus capacidades artísticas, su formación, proporciona solidez a sus valores… Hoy asistimos a una gran crisis de valores: parece que todo es válido. Es algo que me da pena. Sólo se habla de los derechos. Y sin embargo, ahí está ese mundo tan importante de la educación, de la sensibilidad, de la afectividad…
¿Conmueve la música más que otras artes?
Creo que sí. La música es una terapia para la vida, una medicina. Algunos estudios revelan que es muy útil para enfermedades como el alzheimer, o para el desarrollo del feto. Para mí, la música es la mejor definición de la utopía, pero de la buena utopía. Lo tiene todo. Y sí, es el arte con mayor capacidad para emocionar de verdad.
Hoy hay miles de personas acuciadas por la necesidad o por la incertidumbre. ¿Qué música les recomendaría?
Lo difícil no es escoger entre Vivaldi, Bach, Rachmaninoff, Mahler o Beethoven. Se trata de descubrir que la música puede ser una esperanza, un motor, un alimento para el espíritu, para el alma. Cuando uno escucha música, tiene más capacidad para afrontar positivamente las situaciones dramáticas. La crisis que estamos padeciendo se ha desencadenado porque vivimos en un mundo muy materialista, muy especulativo, muy cuantitativo. Hay muy poca colaboración y mucha competitividad. Se ha perdido la capacidad de escuchar.
En la carta que Juan Pablo II escribió a los artistas en 1999 se puede leer: “Quien percibe en sí mismo esta especie de destello divino, que es la vocación artística, advierte al mismo tiempo la obligación de no malgastar el talento, sino de desarrollarlo para ponerlo al servicio del prójimo y de toda la humanidad”. ¿Encuentra sentido a estas líneas?
Muchísimo. Esa carta es para mí un manual espiritual y artístico, y un texto de referencia. San Agustín decía que “quien ora cantando ora dos veces”. Eso es un reconocimiento a la música, a lo que supone la música. Hay muchas manifestaciones de espiritualidad que han sido posibles gracias a la herramienta de la música. La Misa de Gloria de Puccini es espectacular. La Misa de la Coronación de Mozart es una maravilla. La música está mucho más presente en nuestras vidas de lo que pensamos.
En otras disciplinas artísticas, incluso en el cine, ha habido autores que han afirmado que el arte es un camino para llegar a Dios. En la música, por lo que usted cuenta, el camino es todavía más directo.
Sí, es verdad. La música proporciona al ser humano un bienestar indescriptible. Cuando canta, uno se siente más cerca de Dios: se está comunicando con Él a través de la música. Por eso la música está presente desde la Prehistoria, desde los rituales más primitivos. Ha sido un modo de comunicarse con el más allá y de acercarse a la felicidad. Y sin embargo… A veces, cuando escucho o dirijo una gran sinfonía, me entra la pena de pensar que el ser humano es capaz de componer esa maravilla y que, a la vez, vive en una sociedad capaz de todo lo contrario. El ser humano es contradictorio. Cuando dirijo, tengo la sensación de que ese es mi camino más directo para estar con Dios. Por eso he dicho siempre que la música es en el fondo un código de circulación ética, de buen comportamiento, de referentes.
¿Le ha ayudado la música a conocerse mejor a sí misma?
Cuando yo dirijo la Cuarta Sinfonía de Brahms, en el fondo me estoy proyectando a través de ella. Es como si a través de esos pentagramas uno pudiera ir desnudando su alma, como si se manifestara a través de la música. También ocurre que al cabo de cuatro o cinco años vuelvo a dirigir la Cuarta de Brahms y me proyecto de un modo diferente, ni mejor ni peor, sino distinto. Por eso hay tantas versiones de una misma sinfonía. Ahí es justamente donde está la magia. Cuando yo dirigo una obra de Mahler, esa obra es mía y de Mahler, y eso es maravilloso. Siento que es mía porque me proyecto a través de ella, porque la fantasía mental que yo tengo de la obra la hago llegar al público a través de la orquesta, la convierto en realidad, acústicamente hablando. Soy muy agradecida con las orquestas porque consiguen hacer real lo que llevo dentro, porque me permiten sentir una sinfonía como yo la concibo, como la he estudiado, como la he analizado, como me he proyectado a través de ella.
Usted ha dirigido conciertos homenaje a las víctimas del terrorismo…
Hay que ser tolerante con todo menos con la intolerancia, especialmente si se trata de la vida humana. Los artistas tenemos una responsabilidad y un compromiso. Uno tiene que ser coherente consigo mismo y defender aquello que cree que es la esencia de la vida.
En el País Vasco ha habido una polémica reciente a raíz de unas declaraciones del escritor Fernando Aramburu, que vino a decir que, durante muchos años, en el caso vasco, la literatura no ha estado a la altura de los acontecimientos. A su juicio, los escritores tendrían que haberse implicado más para denunciar lo que estaba ocurriendo.
Yo no diría eso de los escritores; me parece que es la sociedad la que no ha estado a la altura de las circunstancias. Hay cosas que no se pueden tolerar. Estamos hablando del derecho a la vida humana, de personas que han sido asesinadas por tener una opinión diferente… Nunca tendría que haber ocurrido todo esto. Para mí fue un honor poner al servicio de la sociedad no sólo mi persona, sino también la música. Como decía antes, la música es una herramienta de reflexión, de solidaridad y de compromiso. He querido ayudar con ella a las víctimas, a las familias, a todas las personas que se han quedado sin padre o sin hermanos… Lo que ha pasado es inconcebible.
La música también puede expresar el dolor de un modo elocuente…
Sí, también. La música es una definición de la vida, de cómo se desarrolla el ser humano. Uno escucha la Patética de Tchaikovski y entiende cómo se encontraba su autor y cómo entendía la vida cuando la compuso. La música se proyecta en función de cómo se siente el artista. Puede incluso conducir a alguien a un dolor real, tiene esa capacidad de que la gente se mire a los ojos y se emocione. Sin pensar, porque el corazón no piensa.
También ha trabajado a favor de África.
África es un continente maravilloso. Allí se pueden descubrir aún las raíces de la humanidad. Hay algo infinito en sus atardeceres, en sus amaneceres, en esas explosiones de color. El contacto con la naturaleza es maravilloso. África detiene el ritmo de nuestra vida occidental y nos invita a reflexionar. Además, en África he encontrado una sociedad generosa, una sociedad que mantiene el sosiego y la alegría de vivir. Una vez le di a un niño africano un trozo pequeñito de chocolate, era lo único que yo llevaba encima en ese momento. Él lo tomó, lo partió en trocitos y se lo dio a los niños que estaban con él. En nuestra sociedad hay niños que me hubiesen dicho: “¿Solo me das esto?”. En África son ellos los que nos dan, los que refrescan nuestras conciencias. Encuentro en ese continente una paz indescriptible. Frente a nuestra sociedad siempre acelerada, siempre a la búsqueda del superhombre o de la supermujer, en África siguen siendo conscientes de que lo que da sentido a la vida son las relaciones humanas.
Las orquestas también son colectivos humanos. ¿Se aprecian en ellas algunas de las características que atribuye a la sociedad?
Sí, también las orquestas son colectivos humanos, grandes familias. Pero cuando suena la música, surge una complicidad, una magia. Uno se olvida de sí mismo y, gracias a la música, fluye la comunicación con los demás. No hay momento más bonito que ese en que el director pide a la orquesta que se ponga en pie, y el público aplaude: produce una sensación de orgullo y de trabajo bien hecho.
¿Cómo se comunica un director con los músicos? ¿Cómo consigue que la orquesta refleje no solo la obra del compositor sino su propio estado de ánimo, su personalidad?
Los directores nos comunicamos con los músicos a través de la técnica. Cuando ellos recogen fielmente lo que el director quiere, cuando se da esa comunión, es maravilloso. La Cuarta de Beethoven es universal, como lo puede ser El Quijote, pero, en función de quién la interprete, toda la poesía que hay dentro suena de un modo distinto: te hace soñar o te deja indiferente. El director de orquesta trabaja para que cada frase se articule bien. Y para eso son importantes hasta los silencios. El director es el que acompasa los latidos, el que lleva los tempos. El mundo de la interpretación es maravilloso. Y también es un reto.
Ha mencionado la técnica. ¿Cómo se compagina en este caso con el arte?
Gran parte del trabajo de dirigir una orquesta tiene que ver con la técnica, pero hay otros aspectos. Ahora tendemos a la globalización; sin embargo, cada país, cada cultura, mantiene todavía su identidad. Por ejemplo, es más complicado dirigir una orquesta latina porque, de alguna manera la cultura latina tiene otra forma de entender la vida: ni mejor ni peor, diferente. Sin embargo, una orquesta alemana tiene una visión absolutamente metronómica de las obras. Es es más difícil crear grandes trazos porque son muy racionales. Puccini les puede costar más. Pero interpretas Brahms con ellos, ¡y qué maravilla, qué fuerza! En el fondo es algo que nos ocurre a todos: a veces no somos conscientes de que nos expresamos de un modo y no de otro porque hemos bebido de unas fuentes determinadas. En una orquesta, eso se nota muchísimo. Recuerdo haber dirigido una vez a la Orquesta de Frankfurt con un programa de Beethoven, y fue maravilloso. Y recuerdo también un programa de absoluto romanticismo en un concierto que dirigí en Parma. Había composiciones de Berlioz, de Prokófiev, de Tchaikovski… Con una mente latina hay obras que se pueden interpretar de un modo increíble. A veces es mejor trabajar con unas voces u otras en función del repertorio. Aunque también es verdad que, si se trata de grandes obras, no hay ningún problema, porque los músicos son muy flexibles al gesto. La mejor forma de transmitir es mirar a los músicos a los ojos. Entonces, la comunicación con ellos es directa.
¿Cuándo empieza realmente el trabajo de un director?
Cuando tengo el repertorio, primero lo analizo perfectamente. La música tiene su propia semántica. Pensamos que la semántica de la música carece de discurso lógico, o que es más abstracta, pero no: el ser humano es capaz de entender la semántica de la música, su desarrollo lógico. Por eso no me gustan las obras que no son lógicas. Decía que analizo el repertorio: lo estudio, lo memorizo, lo interiorizo. Y entonces es cuando ya estoy capacitada para salir al escenario y comunicarme con la orquesta. Todo ese proceso es importante, es el que luego te permite mirar a los ojos de los músicos. Yo apenas miro las partituras, para mí son una referencia óptica. Lo que intento es comunicarme de verdad con la orquesta.
En alguna ocasión ha dirigido a orquestas que interpretaban bandas sonoras.
Los compositores de bandas sonoras me apasionan: John Williams, Nino Rota, John Barry, Ennio Morricone… Me gusta especialmente La lista de Schindler: a través de la música, John Williams supo hacernos llorar, hacernos sentir. Logró que nos avergonzásemos como seres humanos de lo que había ocurrido en aquellos campos de concentración. Humanamente hablando, fue capaz de llevarnos al éxtasis. Es impresionante el tema principal, que tiene muy poca orquestación —algo de arpa, un poquito de vibráfono, un corno inglés, un poco de cuerda y otro poco de flauta—, pero que en tres minutos consigue hacerte llorar. Me encanta ese tipo de música. Y también las grandes voces: Frank Sinatra, Barbra Streisand, Celine Dion… Son voces que llevan una poesía detrás. Hay una musicalidad en el modo en que respiran, en la forma en que se articulan. Son los Pavarotti de otro género. De todos modos, ya decía antes que no siento curiosidad por el pop o el rock. Quienes lo interpretan tienen su propia manera de entender la vida. Hay que respetar a todos, pero yo no me veo metida ni en un grupo de rock ni en una discoteca con la música a tope.